La décima edición del Festival Internacional de Literatura en Tucumán (FILT) concluyó ayer en el Museo de la Universidad Nacional, dentro del 27° Julio Cultural Universitario. Entre los visitantes más destacados estuvo la escritora chilena Cynthia Rimsky, ganadora del Premio Herralde 2024. Entre presentaciones de libros, conversatorios y la feria editorial, estuvo presente la resistencia ante la posible derogación de la Ley 25.542, como impulsa el Gobierno.
Las obras de la autora de “Clara y confusa” se caracterizan por el recorrido de lo íntimo y el juego constante entre la realidad y la ficción. En una entrevista para LA GACETA, repasó su trayectoria, inspiración y pasión por la escritura.
Múltiples actividades y un cierre a pura fiesta para el Festival Internacional de Literatura Tucumán“Vine una vez a Tucumán, recorrí el norte, me perdí en la ciudad y estuve caminando como hora y media. Me impresionó la precarización de la economía y las calles rotas. Estuve viendo la estación de trenes, medio abandonada. Cositas que después uso en mis textos. Esta fue la segunda vez que me invitaron; la anterior no pude venir. Me encanta conocer los lugares no centrales, y a sus escritores, escritoras y nuevas editoriales. Eso me parece muy enriquecedor”, le dice a LA GACETA.
- ¿Hay una literatura posible solo desde los márgenes, lejos de los centros y las capitales?
- Se están abriendo las cosas. Es verdad que Buenos Aires es muy centralista, es tremendo, así como en Chile, Santiago es muy centralista. Pero tengo la sensación de que están llegando más posibilidades a partir de la Feria de Editores o lo que hace Salvaje Federal con Selva Almada. Igual sigue siendo desigual, de todas maneras, estamos en países centralistas.
- Te reprobaron en tu práctica de periodismo por “bohemia” y te alejaste del oficio. ¿Qué mirada te dio el periodismo que la literatura no te hubiera dado?
- El periodismo me obligó a mirar hacia afuera. Mi literatura está preocupada siempre del mundo y del afuera, no de la intimidad propia sino más bien de la intimidad de la gente. Mi literatura tiene que ver mucho con personajes menores y con temas menores: todo lo que está alejado del poder, donde nadie pone la mirada, y encontrar en ese lugar poética. Creo que eso viene del periodismo. El problema que tiene, y por eso me peleé con el oficio, es que te exige siempre ir al centro a contestar seis o siete preguntas. Me frustró mucho.
- ¿En qué momento sentiste que encontraste tu propia voz?
- Publiqué bastante tarde, a los 40 años. Pensaba: ¿para qué voy a escribir si existen tantos escritores y escritoras maravillosas? ¿Qué tengo yo para decir? Fue mucho tiempo buscando una voz. Y lo que al final encontré, más que una voz, fue una manera de mirar. En todos mis libros hay una manera de mirar el mundo, siempre desde lo menor. Me interesa mucho la relación de las personas con lo que hacen y encontrar ahí ciertas sustancias, ciertos modos de habitar.
El festival literario más importante del norte celebra la décima edición- ¿Cómo habita la gente?
- Está muy influenciado por Walter Benjamin: trabajo mucho sobre los objetos. Me interesa cómo, a partir de un objeto, uno se pregunta por qué, de dónde o a dónde va después para construir un sentido, un relato.
- El jurado del premio Herralde describió tu libro como una “comedia romántica de vanguardia”. ¿Es así o es una puerta de entrada para otra cosa?
- Me dio mucha risa, me divirtió y me gustó. Como todas las etiquetas, tiene algo de cierto, y también es una forma de hacer comprensible algo rápidamente. Creo que la novela es muchas cosas, divaga mucho sobre muchas cosas y es difícil definirla.
- ¿Qué implica ser la primera mujer chilena en ganar este premio?
- Me abrió mucho espacio, muchos más lectores y lectoras. Me pareció muy interesante que premiara a una escritora que está más en los márgenes, que hace cosas un poco más extrañas y no tan cerca del mercado. Eso le da ánimo y abre espacio para los que vienen detrás mío.
- “Clara y confusa” nace de una anécdota real y es la historia de amor entre un plomero y una artista. ¿En qué momento deja de ser tuya y empieza a pertenecerle a los personajes?
- Escribir es un modo de estar concentrada, de abrirse al mundo. Cuando estoy escribiendo me pongo muy sensible. Todo lo que va pasando en la realidad, desde que pasa un conejo o un gato, hay un Porche en el pueblo, lo voy introduciendo. Lo que hago con la vida real se refleja en mis textos. Es como cambiarle la música, como dice Juan José Saer. En esta novela partí de la pregunta de cómo saber si la otra persona te ama. Si no hace lo que uno espera que haga, ¿te ama igual? Es la idea de si uno puede llegar a conocer al otro.
- ¿Cómo imaginas el futuro de la literatura, un eje del festival?
- Siempre ha sido una actividad que ha estado en problemas con el poder y con los sistemas económicos. No creo que haya habido un período en que la literatura haya estado afín al poder; y si lo ha estado, no ha funcionado bien. Lo único que te mueve a hacer esto, por lo cual uno no gana dinero (recibe el 10% del precio del libro sin impuestos) es que tenés una pasión. Y el único consejo que doy es que hay que descubrir si es tu pasión, porque lo único que sostiene la escritura es eso. Nada más. (Producción periodística: Valentina Aranda Zóttola).